No todos los talleres funcionan igual. Algunos fabrican muebles. Otros desarrollan una manera de entender el material.
Habitables nace precisamente de eso: de la visión compartida entre Manuel Barrera e Iñaki, dos perfiles distintos pero complementarios, que han construido un proyecto donde el diseño, la materia y el proceso tienen el mismo peso.
Manuel impulsa el concepto y la dirección del proyecto. Iñaki lo lleva al límite en taller. Desde el inicio, el objetivo fue claro: fabricar mobiliario en madera maciza —principalmente nogal y roble— con un nivel de exigencia capaz de responder a mercados internacionales donde el margen de error simplemente no existe.
Las piezas que salen de Habitables no están pensadas solo para lucir en el momento de la entrega. Están diseñadas para soportar semanas de transporte en contenedor y llegar a destino exactamente como salieron del taller: sin movimientos, sin aperturas, sin tensiones visibles. Eso no es casualidad. Es proceso.
Iñaki aporta una base poco habitual en el sector de la madera. Su experiencia previa con piedra natural y solid surface le ha llevado a desarrollar una sensibilidad extrema por la superficie. Entiende el material desde el contacto, desde la respuesta al trabajo, desde cómo cada intervención afecta al resultado final.
Esa precisión se traduce especialmente en el lijado. Controla variables que muchos ni siquiera consideran críticas: tipo de abrasivo, secuencia, presión, velocidad, dirección de trabajo. No ejecuta un protocolo estándar. Ajusta el proceso a cada pieza hasta alcanzar el punto exacto que busca.
En ese nivel de exigencia, el acabado no es una fase más. Es la validación de todo lo anterior. Por eso, en Habitables trabajan con sistemas como los aceites naturales de Rubio Monocoat, aplicados con un criterio riguroso y coherente con el proceso completo. No se trata solo de utilizar un buen producto, sino de entender cómo interactúa con la superficie previamente trabajada.
En este sentido, ha sido clave el apoyo técnico de Jose Antonio Jimenez, cuya implicación directa, tanto a nivel de conocimiento aplicado como en atención personal y soporte logístico, ha permitido profundizar en el uso del sistema, hasta un punto donde la aplicación deja de ser un paso más y pasa a formar parte del propio proceso de construcción de la pieza.
La colaboración entre el taller y Rubio Monocoat no es circunstancial. Es una relación construida desde la práctica real: ensayo, ajuste y mejora continua en condiciones de máxima exigencia. Cada pieza es, en ese sentido, un punto de control. Pero hay un elemento que completa el proyecto y que no siempre es habitual en este nivel: la transmisión de conocimiento.
Iñaki no trabaja desde la opacidad. Comparte procesos, explica decisiones y pone en común lo que aprende en taller. Esa apertura genera algo poco frecuente: evolución constante, tanto a nivel interno como en el entorno profesional que les rodea. Habitables no se define por un estilo. Se define por un estándar. Un estándar donde diseño, materia y proceso están alineados. Donde el trabajo conjunto entre Manuel e Iñaki no es una suma, sino una integración real. Y donde el resultado final no necesita explicación. Se ve. Y se siente.